Nº: 200
Nombre: Xunto Fail (IX)
Hace casi un año que este blog celebraba sus cien primeras entradas numeradas, y lo hicimos con un flashback (cuya imagen se halla actualmente caída por culpa de imageshack) a los comienzos del blog, y un wallpaper de EN.I. La siguiente celebración fue el segundo aniversario del blog. Lo celebramos con un cambio de look. Recuerdo también la celebración de los tres primeros meses del blog, cuando Xunto dudaba que lográramos llegar al año completo. Sin duda bombardearos con contenidos especiales cuando existe motivo para ello es algo que nos place y hemos decidido unir la entrada #200 con...
Hoy traemos tres actualizaciones de dimensiones bíblicas. La primera es que he actualizado el archivo de conversaciones de msn. La segunda, que hemos puesto en la barra móvil de actualizaciones (la stripbarra) una notificación de que hemos actualizado. La última, es el Xunto Fail que hay más arriba.
Muchas gracias y hasta el año que viene.
...Ahora en serio. Tenemos una tira cómica de mal gusto hecha por Shaoran, un relato de Francis (autor de Pájaro) y otro de John Ninja, el chino que compartía piso conmigo durante mi estancia en New York.
Y un análisis de Insomnia, el juego de erickn.
Y ahora, puede comenzar el festival de onanismo.
LA PRINCESA KOOL by Shaoran
Por si nadie se acuerda, el príncipe kool.
Allí estaba, tendido en el suelo, con un fuerte sabor a cobre y vómito en la boca y con esa inquietante y tenue luz roja iluminando el rincón en el que me encontraba. Todo eran sombras alrededor y sonidos extraños y olores fuertes y profundos. Me incorporé e intenté divisar más allá del rincón en el que estaba, pero fue inútil, pues sólo podía verme a mí mismo; mi aspecto era patético.
La camisa roja que llevaba estaba sudada y llena de quemaduras de tabaco y mis pantalones de pana tenían una extraña mancha blanca de una sustancia desconocida. No estaba herido, pero mi cabeza me dolía muchísimo. También me percaté de un extraño símbolo que tenía en la mano derecha y que no entendía.
Estaba muy asustado, pero tenía que descubrir dónde me encontraba, si no estaba ya muerto, claro. Me interné en la más absoluta oscuridad, intentando, con los brazos extendidos, palpar el fin de la sala o una puerta. Cuando llevaba unos segundos caminando a ciegas, toqué algo blando pero firme y que me resultaba muy familiar. Pero entonces escuché una voz aguda que me taladraba el tímpano. Parecía que había tocado a un extraño ser, que me hablaba en un idioma aún más extraño y que después de unos segundos me golpeó con sus garras en la cara. Caí al suelo protegiéndome con los brazos por si la criatura continuaba con sus intentos de matarme pero se hizo el silencio un momento y volvieron los olores y sonidos extraños, como chof, chof y plof, plof. Me estaba volviendo loco, sí, era eso.
Grité tirándome del pelo y con los ojos fuera de sus órbitas, pensando que estaba muerto de verdad y que mis innumerables pecados me habían llevado al infierno. Entonces, repentinamente, se encendió esa maldita luz roja, justo encima mío, y los sonidos se intensificaron. Oía pasos, y en unos segundos se presentaron ante mí seis seres extraños, que yo imaginaba que serían de la misma especie que el que me había golpeado.
Insulté a las criaturas con sucias palabras y les dije que se fueran con su Satanás. Entonces hablaron todas en diferentes idiomas y me golpearon con sus garras. Lo único que veía de ellas eran sus uñas carmesíes cuando me arañaban, pues la tenue luz roja solo me iluminaba a mí.
Me defendí como pude y golpeé a las criaturas y las empujé y gritaron con sus terribles voces. Sentí otras criaturas viniendo, más pesadas y de voz más graves. Se acercaron a mí y retiraron a las otras criaturas. Éstas que acababan de presentarse eran muy corpulentas y parecían no tener pelo. Además, la luz roja se reflejaba en donde se presumía que debían estar sus ojos. No se detuvieron ni un segundo, ni siquiera me hablaron en idioma extraño: simplemente me golpearon, con una fuerza mayor a la de las otras criaturas.
Cuando estaba a punto de desfallecer, las criaturas me cogieron y me arrastraron por la inmensa oscuridad. Entonces se encendió otra luz roja, que dejó ver una puerta. Iba hacia allí. Ya había cumplido mi penitencia. Saldría de los infiernos. Abrieron la puerta y me tiraron al frío asfalto. Reí como un loco y besé el suelo de los vivos. Cuando recobré la compostura, me giré para ver la puerta de los infiernos.
Y allí estaba, con su gran letrero de luces rojas, el Puticlub Manola.
Mierda.
Una vez oí hablar a mi abuelo, un ilustre marinero gallego, acerca de las brujas. Él las llamaba meigas, pero yo no las llamaré así para no confundiros. Lo recuerdo sentado junto a la vieja chimenea de nuestra vieja casa. Aunque tal vez fuera junto a la barra del bar, muy frecuentado por el viejo. Yo era pequeño, y sólo recuerdo parte de lo que contó. Veréis, esto fue lo que oí:
Hubo un tiempo en el que las brujas salían de noche para robar niños y alimentar con ellos a sus gatiños. Eran los tiempos de Rosalía de Castro. Las brujas, como cualquier mujer, tenían talento para parir, cocinar, y para saber si otras mujeres estaban embarazadas. Por no decir que es lo único que hacen bien. Por ello, a menudo buscaban a aquellas mujeres que acababan de expeler un bebé, y entraban por la ventana y se lo llevaban. Pero esto era un capricho estúpido y habitualmente se consideraba una horterada entre las brujas, por lo que sólo lo hacían las peores. Como las brujas eran estériles, feas y malas, ningún hombre quería tocarlas. Dicen que las horribles brujas nacían porque sus fornicadoras madres fornicaron con el diablo. Yo pienso que es así, porque mi padre, en gloria esté, solía hablar de esto a menudo, y sabía mucho sobre ellas y sus malas artes. Las brujas vivían en cabañas en los frondosos bosques gallegos, aunque, como ya he dicho, salían por las noches. El agua no les gustaba, de tal forma que cuando la brisa venía de levante, nunca aparecían por los pueblos. Es bueno que no les gustara el agua, porque de no ser así, habrían rondado también las playas, acompañadas por la flaccidez de sus vibrantes tetas colgonas. Sería como estar en el Mediterráneo todo el año, porque aunque las aguas del norte son frías como mi mujer y mi lecho, las brujas no sentían el frío como nosotros, las muy putas. En América os dirían que los misteriosos secuestros nocturnos de niños son obra de extraterrestres, y la policía secreta acudiría presto a solucionarlo, pero en Galicia todos saben que la culpa es de las brujas. Excepto aquella vez que encontraron al hijo del panadero en el sótano de la iglesia de Betanzos. El padre Díaz no parecía esa clase de persona, todo sea dicho. Un caso excepcional fue el de mi primera novia, con la que yo compartía besitos todas las tardes cuando nos veíamos antes de volver de la escuela. Era un domingo, el día del Señor, y jugábamos cerca del bosque de Betanzos, cuando una horrible y fea bruja (la primera que vi), una putísima bruja agarró a la niña y se metió en el bosque. Yo la perseguí, más temerario que asustado, y al llegar junto a su cabaña se dio la vuelta y me vio. Entonces temí por mi vida, porque caminó con sus horribles andares de vieja hacia mí, con la intención de cogerme a mí también. Pero entonces el padre Díaz apareció portando una gran cruz de madera, gritando palabras latinas, y redujo a la horrible hija de fornicadora. Luego me dijo que avisara a mis padres, que él se quedaría a cuidar de la niña. No volví a ver a ninguno de los dos. ¡...Ay, qué tiempos aquellos! Recuerdo mi segunda experiencia mágica con una bruja. Coincidió con la época en la que salí con mi tercera novia. A decir verdad, mi tercera novia era una bruja. Me llevaba por las noches a su refugio en la montaña, y hacíamos cosas que nunca hice con mi mujer, ni hago, ni haré. La mayoría de las brujas tienen más de cien años y están fláccidas y arrugadas y decrépitas, pero ésta, que era joven todavía, era un amor de chica. Tenía unos gustos un poco raros y alejados de nuestras costumbres, pero realmente disfruté mucho con ella. Hasta que un día, y aunque esté mal decirlo, hicimos el amor sobre un altar de piedra en el bosque para que después intentara comerme. Regresé a Betanzos y tampoco la volví a ver. A excepción de aquella noche de verano de hace treinta años, que yo ya estaba casado por aquel entonces, cuando vi a una bruja llevarse al bebé de la familia Vázquez. Supe que era ella porque olía a las mismas hierbas y fluidos vaginales que mi tercera novia. Ni siquiera me saludó. Soy sin duda una persona con suerte, por haber visto a tantas horribles brujas. Pocos gallegos pueden decir que han visto a una, y aún menos pueden decir que han visto a dos. Pues yo, señores, he visto a cuatro. La primera fue la que raptó a mi primera novia, la segunda fue mi tercera novia, la tercera es... ¡Mi esposa, ja ja ja ja! Pero de ella no os voy a hablar. Debéis conocer mi última experiencia con una bruja... La más extraordinaria historia de magia y misterio que vais a oír en los próximos tres meses. Veréis, hace dos semanas estaba yo cuidando de mi huerto al atardecer, y terminaron dándome las doce. Como las brujas salen a las doce, cogí la escopeta y la cargué. Veinte minutos estuve sentado sin trabajar las hortalizas, sin atreverme a recorrer el camino a casa tampoco, mirando al bosque. Entonces una horrible sombra retorcida y como animal me sobresaltó hasta el punto de que le di un tiro sin pensarlo dos veces. Cuando me acerqué al inerte bulto negro que acababa de caer al suelo y retiré su manto, me encontré con que acababa de disparar a la hija del padre Díaz, vestida con todo lo que visten las brujas. Harto sorprendido, tuve que ocultar el cadáver en mi huerto, para que nadie lo encontrara nunca. No se lo he dicho ni a mi mujer, que conste. En fin, ¿qué os parece?
Cuando detuvieron al abuelo, mi familia decidió mudarse a Madrid.





